Momento

«En qué momento tomamos conciencia de nuestro ser, pequeños corpúculos sensitivos que se activan para oler, gustar, escuchar o mirar(…) En qué momento esas múltiples percepciones consiguen destacar entre otras, estímulos que podrían identificarse como breves fragmentos de lo que, poco a poco, ira constituyendo un universo personal (…) En qué momento seleccionamos aquellas percepciones, que conscientemente deseamos mantener en un lugar destacado, llegando a formar parte de nuestro entramado de memorias(…) En qué momento todas esas pequeñas conexiones mentales fraguan y sustentan ese algo que va mas allá de provocar resonancias en cada uno de nosotros(…) En qué momento salta la chispa que incendia de repente un entretejido que poco a poco se ha ido tupendio con vivencias y experiencias (…) en qué momento ese vaivén del pensamiento se estabiliza para edificar una obra cimentada y sostenible a lo largo de los años (…) En qué momento la belleza (…)En qué momento se convierte en una necesidad intentar materializar todo esto, dar cuerpo a estos pensamientos, devolverle de algún modo su parte física sumergiéndonos en las técnicas (…) En qué momento nos damos cuenta de que es la propia materialidad de la obra la secuela de todo lo anteriormente mencionado (…) En qué momento aparecen los bloques empáticos desde los que buscar complicidad con la mirada(…) todo puede ocurrir en un instante, en un ratito de silencio, en un momento zapping, en una breve pausa, en un lapsus, en un descanso estival debajo de un arbol, hoy durante esa ducha matutina. Aunque lo más probable es que no haya un solo momento que no sea «Ese momento» (Carmen Hermo. Extractos de Momento ducha. Arte: diccionario ilustrado, pags 152-155)